Pily

Hoy quiero contar tu historia.

Ayer te dijimos adios y ni siquiera estuve allí para darte un último achuchón y acompañarte.

Llevabas con nosotros diez o doce años ya, ni me acuerdo! Te traje a casa un caluroso día de verano, estabas en el refugio en la jaula de los cachorros y tenías piómetra, una infección del útero que puede llegar a ser mortal.

Contigo aprendí a poner inyecciones subcutáneas. Aunque no quise entrar a la operación, tu útero y ovarios son los primeros que ví también. El veterinario, Rafael, dijo que tenías quistes en los ovarios y pensé ‘mira, como yo’. Por alguna misteriosa razón creo que ahí fue cuando me terminé de enamorar de tí.

Mordiste a un veterinario, al vecino, y a una amiga de Marta. Por poco no te ponen en la lista de perros peligrosos con tus seis kilos de peso!

Tú te enamoraste antes. Creo que fue al ratito de llegar a casa. Te diste cuenta de que no te iba a hacer daño, de que te iba a cuidar, y ya la primera noche querías estar pegadita a mi cama. Tuviste ansiedad por separación grado infinito pobrecita mía.

Siempre venías conmigo. A casa de amigos, a la playa, a manifestaciones.. Siempre ahí, con tus patas tiesas, que en vez de tumbarte parecía que habías volcado 🙂 Y casi siempre dormías en mi cama, aunque te tuviera que subir yo.

Tu historia no la sabemos, pero siendo podenquita en Pilas, con un miedo atroz a las personas y sobre todo a los hombres de voz grave, y cuando te encontraron había niños tirándote piedras y balonazos, creo que nos la podemos imaginar. Usada para cazar y criar, tirada a la calle cuando te pusiste enferma y no te podían usar más.

También te enamoraste de Balto, el perro de las vecinas. Igual si hay un cielo de los perros estáis los dos allí ahora jugando juntos.

En seguida estuvo claro que te ibas a quedar conmigo. Al poco trajimos también a Bribón, que parece mentira que se haya ido también y que no llegara ni a conocer a Chloe. A él le daban arrebatos de vez en cuando y te rechupeteaba entera y te intentaba montar jeje.

Lina se enfadó conmigo cuando viniste, no se me quiso acercar en muchísimo tiempo. Y Lino contigo, te pegaba desde lo alto de las sillas y tú como tonta que eras seguías pasando por debajo.

Eras un bicho. Una vez espantaste a un pastor alemán que pasaba por la calle. Y en el Día del Perro siempre intentabas comerte a cualquier cachorro que se te acercara demasiado.

Estaba claro que algo te dolía, y las radiografías revelaron artrosis avanzada y varias vértebras medio rotas, de las palizas. Malditos.

Tuvimos que cortarte el rabito porque te dolía muchísimo y se estaba quedando tieso de fusionarse las vértebras. Te quitó años de encima.

Años que nunca sabremos bien. Un veterinario que te vio al principio dijo que tendrías dos años. Entre la artritis y que empezaste a perder dientes en seguida, más que dos tendrías doce. Has sido la perra infinita – y más que habrías durado pero ya no era forma de vivir chiquitita mía.

Me vine a vivir a Inglaterra, y os hicimos los análisis a tí y a Teté para que pudiérais veniros conmigo. Creo que os hicísteis amigas en el viaje. La pobre tenía tantísimo miedo a las personas.. Creo que la echaste mucho de menos cuando se escapó. Aún tengo la esperanza de que acabara en una granja y la imagino feliz corriendo como loca con ese cuerpo canijo y musculoso.

En Inglaterra fuiste feliz, pero con el frío y la humedad no estabas bien y te tuve que mandar de vuelta. Quería tenerte conmigo pero me sentía egoísta al tenerte aquí con más dolor. Qué complicado decidir, y lo que me habría gustado saber qué preferías tú.

De vuelta en casa estabas mejor pero claramente me echabas de menos. Te acoplaste a Marta pero no era lo mismo.

La abuela te quería mucho (aunque nunca le hizo gracia que te llamaras como ella) y te rascaba la cabeza con esas uñas largas. Las tuyas también eran súper largas porque no las gastabas al andar, y Yoly siempre te las quería pintar.

Conociste a Chloe pero ya estabas muy mayor para reaccionar. En Navidades ella te intentaba agarrar y te llegó a tirar al suelo pobre mía.

Jugabas con las aceitunas del jardín, a tirártelas y a ir a por ellas. También con la pelota aunque nunca entendiste lo de traerla de vuelta 🙂 Los únicos que te podíamos hacer rabiar éramos Fran y yo.

Una vez te refregaste contra media rata (la otra media ya se había descompuesto). Un día en los enebrales fuiste a por un conejo y acabaste huyendo de él 😀

Te quiero ratilla. Estés donde estés, ya no te duele.

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